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Tras discutir las premisas centrales de argumentos económicos a favor de la legalización de las drogas en México, este post sugiere que legalizar no implica una baja en el consumo local ni la reducción de la violencia. Por lo tanto, es necesario hacer un análisis más detallado sobre las implicaciones de legalizar las drogas en México.

After discussing key assumptions in economic arguments in favor of legalizing drugs in Mexico, this posts suggests that legalization does not imply a reduction in local consumption or in drug-related violence. Therefore, it is necessary to analyze in more detail the economic implications of legalizing drugs in Mexico

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Afortunadamente, el debate sobre la legalización de las drogas en México ha sido abordado recientemente por un grupo de analistas que brindan diversos puntos de vist arespecto a los pros y contras de la legalización de las drugas. En general, el debate sobre la legalización se jusitifica como una posible estrategia para disminuir los probelmas de salud y violencia asociados con el tráfico y consumo de drogas ilicitas. Recientemente Gerardo Esquivel publicó el artículo “Legalización en Norteamérica: El lado económico” en la revista Nexos. El autor ofrece un análisis sobre la legalización de las drogas desde la perspectiva de comercio internacional. Su principal argumento indica que independientemente de donde ocurra la legalización, observaríamos una convergencia de precios entre los mercados de México, Estados Unidos y Canadá.

Al respecto, Esquivel plantea dos posibles escenarios, uno donde la legalización ocurriera en Estados Unidos y el otro en México. Si las drogas se legalizan en Estados Unidos, la oferta de drogas de desplazaría a ese país, haciendo que baje el precio de la droga en Estados Unidos. Mientras tanto, el precio de las drogas en México aumentaría como consecuencia de una menor oferta en el mercado local. Ahora bien, si las drogas se legalizaran en México, la demanda de drogas de Estados Unidos y Canadá se desplazarían a México causando un aumento en el precio de las drogas en México, y el precio sería más bajo en Estados Unidos y Canadá debido a la reducción de la demanda. En ambos casos, ocurriría una reducción de los precios de las drogas en Estados Unidos y un aumento de precios en México, aunque causado por el desplazamiento de la oferta en el primer caso y el desplazamiento de la demanda en el segundo. Esquivel extiende las implicaciones de la legalización de drogas en México y argumenta que el aumento del precio de la droga en México reduciría su consumo ya que sería más cara para los consumidores locales. Finalmente concluye que la reducción del precio de la droga en Estados Unidos disminuiría los beneficios económicos de los cárteles de la droga en México.

De acuerdo con este autor, la legalización de las drogas en México tendría un efecto positivo para reducir la violencia. La legalización de la droga generaría la reducción de precios en Estados Unidos, y observaríamos una reducción importante en los beneficios de los cárteles Mexicanos. La reducción de beneficios derivados del narcotráfico contribuiría a la reducción de la violencia en México de dos formas. La reducción en la rentabilidad genera menor competencia. Por lo tanto, los cárteles recurrirían menos a la violencia como táctica de competencia. Además, a menor rentabilidad derivada de las drogas, se reducen los recursos del crimen organizado para corromper a las autoridades y para comprar armas. Lo cual, reduce los recursos materiales que pueden ser utilizados para ejercer violencia. Adiconalmente, la legalización favorece la resolución de disputas mediante mecanismos legales, reduciendo así el uso de la violencia. En suma, Esquivel sugiere que la legalización de las drogas en México aumentaría los precios locales de la droga, con lo que disminuiría el consumo en México, ocurriría un desplazamiento de la demanda de drogas de Estados Unidos hacia México y se reduciría la violencia.

Este argumento es provocativo e interesante, sin embargo el análisis económico que sugiere Esquivel no considera diferentes costos de transacción, oporunidad y de mercado que, una vez considerados, no conducen a la misma conclusión a la que llega Esquivel. La premisa fundamental de su argumento es que si las drogas se legalizaran en México, ocurriría un desplazamiento de la demanda de drogas de Estados Unidos y Canadá hacia México causando un aumento en el precio de las drogas en México, y generando una reducción del precio en Estados Unidos y Canadá debido a la reducción de la demanda. Sin embargo, si consideramos una estructura básica de costos resulta claro que legalizar las drogas en México no necesariamente generaría un desplazaimiento significativo de la demanda de drogas de Estados Unidos a México.

La distancia y los costos de transporte representan costos de transacción que dificultan el desplazamiento de la demanda de Estados Unidos y Canadá a México. Posiblemente algunos ciudadanos estadounidenses en estados fronterizos curzaían la frontera más a menudo para consumir drogas en ciudades fronterizas o en destinos turísticos, tal y como actualmente sucede en ciudades como Tijuana o Cancun. Con lo cual observaríamos un desplazamiento de la demanda sólo en ciertas zonas y de manera estacional. Sin embargo, el grueso del consumo de drogas en Estados Unidos y Canadá se compone de una franja de consumidores regulares. Para que la demanda se desplase a México, estos consumidores habituales tendrían literalmente que trasladarse a territorio Mexicano, lo cual implicaría dejar su empleo y condiciones de vida actuales e incurrir en los costos de transporte y relocación asociados con el cambio de residencia. Posiblemente, para algunas cuantas personas la satisfacción derivada del consumo recurrente de drogas suficientemente alta para asumir los costos de oportunidad y transporte que implica el desplazamiento de la demanda de Estados Unidos y Canadá para México. Sin embargo, el balance de costos y beneficios es francamente negativo para la mayoría de las personas, por lo tanto no es plausible que la legalización de las drogas en México genere un desplazamiento significativo de la demanda de Estados Unidos y Canadá a territorio Mexicano.

En consequencia, si no se cumple la premisa fundamental de un desplazamiento significativo de la demanda de Estados Unidos a México, entonces no se siguen las demás conclusiones a las que llega Esquivel. Es decir, no habría un aumento significativo en los precios de las drogas en México, por lo tanto no habría una reducción sustancial en el consumo local. Como no habría una reducción signficativa de la oferta de drogas en Estados Unidos, tampoco observaríamos una reducción sustantiva en los precios de la droga en ese país y por lo tanto los ingresos de los cárteles del crimen organizado no se verían seriamente afectados. Con lo cual, mantendrían la capacidad financiera para seguir corrompiendo a las autoridades y comprando armamento para proteger sus territorios. En consecuencia, no sería plausible esperar una reducción significativa en la violencia.

This one is about the different kinds of goods that parties deliver during elections in Mexico. 

En la primera parte de “¿cómo ser un mapache y no morir en el intento?” di cuenta de la primera ronda de actividades en las que participó X al involucrarse en la campaña para Presidente Municipal en la ciudad Y durante las elecciones locales de 2010 en México.

 Después de repartir despensas hasta las 3 am, X regresó al cuartel de operaciones, el cual estaba ubicado en un hotel de la ciudad. La actividad de campaña se concentraba en dos villas situadas en el extremo sur del hotel. Estas villas eran conocidas como “el bunker”… yeeeaaahhh!!! En una de las habitaciones del bunker X vio un equipo de personas trabajando de manera particularmente frenética. Esto le llamó la atención, considerando que eran las 3 de la mañana. Al acercarse, X vio que estas personas estaban fotocopiando los listados de credenciales para votar. La lista nominal es el principal instrumento al que recurren los representantes de partido para monitorear a los votantes movilizados. Era impresionante el volumen de papel que tenían en esa habitación. Había pilas y pilas de listados nominales ya fotocopiados, engargolados, ordenados y listos para ser repartidos. No cabe duda que la elección es producto de un esfuerzo logístico que tiene que ser implementado a gran escala.

 El habitación donde estaban fotocopiando los listados nominales servía también de bodega de material de campaña. Entre el desorden de cartelones y demás propaganda política, X se dio cuenta que había una sección de ropa muy bien dobladas y empaquetada. Al acercarse se dio cuenta que eran camisas que tenían bordado el logotipo del partido y el slogan del candidato. Esto no es nada inusual ya que los partidos suelen regalar playeras y gorras durante la campaña. Sin embargo, a X le extrañó que estuvieran tan bien empaquetadas. Para satisfacer su curiosidad, X abrió uno de los paquetes, sacó la camisa y se dio cuenta que era una camisa de diseñador “Tommy Hilfiger”. En una ojeada rápida al resto de los paquetes X se dio cuenta que también había camisas de otras marcas como “Armani Exchange” y “Versace”. Este tipo de camisas suelen costar entre $1,000 y $2,500 pesos en cualquier tienda departamental en México. ¿Por qué regalaba el partido este tipo de ropa? ¿A quién se la repartía? X, no se podía quedar con la duda.

 El cuarto punto del manual de supervivencia del mapache recomienda involucrarse con los mapaches de manera coloquial. Así pues, X empezó la conversación: Oigan muchachos, ¿me puedo quedar con una de estas camisas? Están súper chidas. Seguro que sí compa… uuuuy, pero como estas grandote no se si te queden porque ya sólo hay tallas chicas. A ver, déjame ver…. huummm. Tienes razón, ya no hay de mi talla. Ya ni modo carnal, hubieras llegado unos días antes y te tocaba de tu talla. Pero en el último tráiler que nos mandaron venían casi puras tallas chicas y las demás se acabaron rápido. OK, OK, estas cosas llegan en tráiler. Esto habla de apoyo de empresarios o de un montón de dinero que el partido usa para comprar este tipo de bienes. Oye, pero ¿a quién les regalan estas ropitas tan fresas? No me digas que también las reparten en la zona de donde vengo de repartir despensas. Uuuy, no compa. En esa zona no saben ni siquiera lo que cuestan estas camisas y si supieran ya las estarían vendiendo. Estas camisas las repartimos en las zonas de clase media donde la gente si valora “la marca”. Como no podemos llegar a ellos con despensas, tenemos que darles cosas que si les gusten para que salgan a votar por nosotros. OK, el partido no sólo hace compra del voto en sectores de bajos ingresos, sino que también cultiva clientelas de clase media, aunque en menor escala. Lo interesante es el grado de sofisticación en la diferenciación y repartición de bienes. El partido sabe llegar a cada uno de los sectores que le interesan.   

 Oye carnal, y ¿qué es lo más chido que han regalado? ¿A poco sólo regalaron estas camisas? Uuuy no mi X, hubieras visto. Lo mejor que regalamos fueron computadoras. Sí, regalamos unas laptop. Mira, son de estas mismas que estamos usando nosotros para la captura de las listas que nos traen de campo. Digo, no son muy buenas, aquí ya se tronaron dos, pero están chidas. No, pues sí está bueno el regalito. Con esto ya están a la par de las pantallas de plasma que viene repartiendo el otro partido. Pero ¿a quién se las regalaron? Ah mira, estas se las dimos a los estudiantes de secundaria y preparatoria. Es para que vean que el partido si los apoya con eso de la educación. Parece ser que los partidos no solamente compiten en el número de bienes que reparten a los votantes, sino también existe competencia en el tipo de bienes que entregan a cada sector. En la lógica clientelar del partido los estratos más pobres salen más baratos ya que se les puede comprar simplemente con despensas. Los estratos medios cuestan un poco más y requieren otro tipo de bienes. Sin embargo, entregar cualquier tipo de regalo cada vez que hay elecciones es mucho más barato que brindar esfuerzos constantes de desarrollo para sacar a la gente de la pobreza, o brindar educación de calidad, no se diga ofrecer una plataforma de gobierno para largo plazo. 

 X seguía platicando con la gente de las fotocopias cuando vio que en un rincón de la bodega estaban apiladas varias silla de ruedas. Esto es el colmo. El partido está regalando sillas de ruedas a personas discapacitadas. Las sillas hasta tienen el nombre del candidato, para que a la gente no se le olvide quien hizo “la buena obra”. Esto es cinismo puro. Sacar provecho electoral de la desgracia de la gente es de una vileza inaudita. El menú de estrategias de movilización electoral que usan los partidos va desde plataformas ideológicas hasta reparto de despensas, pero las sillas de ruedas están en una nueva categoría que la literatura en clientelismo político no ha contemplado: estrategias de descaro.

 En el coraje, X se puso a imaginar el discurso del candidato al momento de entregar la silla de ruedas: Doña Chonita, aquí le entrego esta silla de ruedas que tanto le hace falta. Se la entrego con mucho cariño y como muestra que el partido siempre ve por su pueblo. De antemano, le pido una disculpa porque usted nunca tuvo los servicios de salud que necesitó para prevenir o diagnosticar a tiempo su enfermedad. También, le pido una disculpa porque los médicos que la trataron no supieron atenderla bien. Y ya entrados en gastos, le pido una disculpa porque el doctor que la operó compró su certificado en el mercado negro y no supo arreglarle la pierna. En realidad lo suyo era una operación sencilla que salió medio mal. Pero no se preocupe, aquí le traigo su silla de ruedas para que usted y su familia vean que yo sí estoy interesado por la gente que más lo necesita. Mire que bonita está la silla, ya viene bien aceitadita y hasta tiene mi nombre para que se acuerde quien se la dio. Así que aquí se la dejo. Pero eso sí, no se le olvide salir a votar por mí el día de las elecciones. Gracias por su confianza Doña Chonita, que tenga usted un buen día.

 
 
 
 
 
 
 

 

 PD: X me pidió que le ofreciera una disculpa a los leectores de este Blog por la mala calidad de las fotos. En sus propias palabras: “Sorry, lo mio es ser aprendìz de Mapache, no fotoperiodista”

This post is about a friend who became a member of a campaign team in a local election in Mexico. In his brief and intense experience he witnessed how clientelistic practices such as vote buying and coercion still play a crucial role in electoral competition in Mexico.

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El término “mapache” en México se refiere a los operadores políticos que utilizan los partidos para movilizar a los votantes durante los procesos electorales. Los mapaches adoptan diferentes nombres en diferentes países: en Argentina se les conoce como “punteros”, en El Perú son “operadores políticos” y la literatura en ciencia política de Estados Unidos les asigna el elegante nombre de “party brokers”. Independientemente del sustantivo local que adopten, en general, los mapaches son el eslabón operativo entre la estructura de los partidos políticos y los votantes, y desempeñan un papel crucial en la implementación de estrategias clientelistas durante procesos electorales.

El Domingo 4 de Julio de 2010 hubo elecciones locales en 12 estados de México donde se eligieron gobernadores, diputados locales y presidentes municipales. En las semanas previas a la elección hubo varios escándalos mediáticos denunciando una amplia variedad de estrategias clientelistas puestas en marcha durante estas elecciones. En el menú de prácticas destacaban la compra del voto, el condicionamiento de programas sociales y la intervención parcial de autoridades gubernamentales. Lamentablemente estas prácticas de movilización electoral no son nuevas en México. Al contrario, fueron parte central de la maquinaria electoral del partido que dominó la competencia política en México durante varias décadas. Con el tiempo, los partidos de oposición fueron adoptando y transformando estas prácticas clientelares como una forma habitual de hacer campaña.

Buena parte de la competencia electoral en México opera bajo la lógica de un equilibrio perverso en el que el clientelismo funge como una estrategia dominante. Dado que el partido que gobernó a México durante 70 años recurrió a este tipo de prácticas durante tanto tiempo, amplios sectores de votantes se acostumbraron a ellas y ahora las demandan activamente. Los partidos de oposición aprendieron a implementarlas sabiendo que es la forma en la que se juega el juego electoral. Actualmente es iluso para los partidos políticos no utilizar clientelismo político. Si un partido decide unilateralmente no recurrir a tácticas clientelares, lo hace bajo la certeza que todos los demás partidos van a utilizar este tipo de prácticas. La interacción estratégica de la competencia electoral orilla a todos los partidos a adoptar este tipo de medidas. Algunos analistas y líderes de opinión estaban alarmados de la forma en que en estas elecciones locales resurgieron “viejas” prácticas que se creían superadas a nivel federal. Otros analistas, un tanto más agudos, desempolvaron sus cuadernos de notas para recordarnos que “all politics are local politics”. De tal forma, detrás de la fachada de la democracia, las elecciones en algunos de estos estados fueron un procedimiento plagado de irregularidades sistemáticas.

Ahora bien, siendo honestos, las elecciones huecas no son una noticia que sorprenda a una persona que conozca medianamente el funcionamiento político-electoral en México. Sin embargo, me parece pertinente dar a conocer la historia de un buen amigo que participó en la línea de batalla de la elección y presenció varios eventos que dan muestra del grado de sofisticación y magnitud de las estrategias de movilización clientelista que utilizan los partidos políticos en México.

El día después de la elección recibí la llamada de un buen amigo, a quien me referiré como “X”, para contarme que se había infiltrado en el equipo de campaña del candidato a presidente municipal de la ciudad “Y”. El manual de supervivencia indica que el primer paso para ser un mapache y no morir en el intento es tener un buen contacto que te permita entrar al círculo interno de un candidato. Siguiendo este consejo, X contactó a un amigo suyo que llevaba trabajando varios meses en la campaña para preguntarle si necesitaba apoyo durante los días previos a la elección. De esta forma, X consiguió entrar como asistente de último minuto en el equipo de campaña del candidato.

Después de conducir cuatro horas y media, X llegó al cuartel general en la ciudad Y a las 11:00 pm del día Viernes (justo dos días antes de la elección). A los diez minutos llegó a recogerlo una camioneta pick up negra con vidrios polarizados. El conductor le hizo una seña y X se subió a la camioneta sin saber a donde se dirigía ni que iba a hacer. El segundo punto del manual de supervivencia indica que es pertinente demostrar compromiso por la causa y disposición de ayudar en todo. Siguiendo este consejo, X echó un par de porras por el candidato y le preguntó al conductor en qué los iba a ayudar. El conductor, quien resultó ser el jefe de campo de los mapaches, le dijo: ahora si mijito, ya llegó la navidad y vamos a repartir dulces.

Condujeron por calles oscuras y se adentraron en una zona bastante pobre a las afueras de la ciudad. Las casas estaban bastante deterioradas, la mitad de las farolas no funcionaban, había grafitti en las paredes y algunas calles ni siquiera tenían pavimento. Al dar una vuelta, el jefe de campo hizo señas con las luces a otra camioneta que estaba estacionada. La otra camioneta arrancó y los fue siguiendo, aunque se retrasó varias veces porque venía cargada. Eventualmente llegaron a una casa. El jefe de campo hizo una llamada y una mujer abrió la puerta de la cochera. La otra camioneta hizo maniobras para entrar en reversa y cerraron el portón. En el interior de la casa había aproximadamente 20 personas, todo estaba a oscuras, la gente hablaba en voz baja. Entre todos corría la secrecía.

Al entrar a la casa, el jefe de campo saludó al líder de la comunidad, sacó una lista con nombres y preguntó si habían llegado todos. El líder de la comunidad le dijo que sí al momento que levantaba la lona que cubría la carga. La camioneta estaba llena de despensas. Posiblemente había media tonelada de despensas. Cada despensa traía medio litro de aceite para cocinar, un kilo de arroz, frijol, harina y azúcar. Pero las despensas no venían embolsadas de manera improvisada. Al contrario, todo el contenido venía ordenado de la misma forma y empaquetado con una cubierta de plástico resistente. Este tipo de empaquetamiento indica que el partido tiene una industria encargada específicamente a producir estos paquetes de despensas. De acuerdo al manual de supervivencia mapachesca, el tercer punto indica que hay que hacer las cosas rápido y bien. Así que a la indicación del jefe de campo, X subió de un brinco a la camioneta y comenzó a bajar las despensas de la camioneta mientras otra persona las apilaba junto a la pared. X no lo podía creer. A menos de una hora de haber llegado a la ciudad ya estaba repartiendo despensas, “dulces” como diría el jefe de campo, en el patio oscuro de una casa, operando en total secrecía.

El jefe de campo fue llamando a cada una de las personas de su lista. Uno a uno fueron pasando. Cada persona firmaba una hoja de asistencia y le entregaba al jefe de campo una lista con el nombre de diez personas, dirección, número de teléfono, número de sección electoral donde le corresponde votar y número de la credencial de elector. Después de entregar su lista, uno de los asistentes les daba sus despensas. Esto es un ejercicio recíproco. Tu me das tu lista de personas, yo te doy tu despensa. Pero ¿para qué quiere el partido listas de personas?

Las listas de votantes son parte central del esfuerzo de movilización electoral que hacen los partidos, en particular el partido en el que X se infiltró. Los mapaches le entregan beneficios materiales a los líderes de cada sección electoral, quienes a su vez los reparten entre sus promotores del voto. A cambio de recibir despensas, estos promotores se comprometen a llevar a diez votantes a la casilla para que voten por el partido que les otorgó el beneficio. Las listas de nombres son el principal instrumento que tienen los partidos para estimar su fuerza electoral y monitorear a los votantes.

En México, la legislación electoral otorga a los partidos políticos el derecho de tener un representante al interior de cada casilla. Además, en pos de la transparencia del proceso electoral, las autoridades electorales entregan a los representantes de partido un documento con copia de las credenciales para votar de todos los ciudadanos de esa casilla. Esta es una copia de la “lista nominal”, que es el registro nacional de electores. El objetivo de la lista nominal es evitar que personas ajenas a cada casilla vayan a votar ahí o que las personas voten repetidamente. Aquí es cuando las virtudes de la ley son distorsionadas para el uso clientelista y el monitoreo de votantes. Al entregar despensas y otros bienes, los partidos recogen listas de votantes de cada casilla. Posteriormente sistematizan toda esa información en bases de datos y le entregan a sus representantes de partido un listado de toda la gente que ya está comprometida a votar por ellos en cada casilla. El día de la elección, los votantes entran a la casilla, muestran su credencial de elector y los funcionarios electorales leen en voz alta el nombre del votante. Los representantes de partido verifican que exista ese votante en la lista nominal, la cual tiene la fotografía de la persona y todos sus datos. Con esta información, el representante de partido verifica que salga a votar la gente a la que le entregaron despensas y otros bienes. Conforme los votantes entran a la casilla, el representante de partido marca en su propia lista quién salió a votar. Esto les permite monitorear a los votantes con alta precisión.

El reparto de bienes materiales a cambio del voto resulta atractivo para ciertos sectores pobres de votantes ya que viven en una “trampa de pobreza”. A los partidos políticos les resulta conveniente mantener en la pobreza a estos sectores de la población para poder repartir despensas y bienes similares cada vez que hay elecciones. Obviamente el reparto esporádico de despensas es mucho más barato que pavimentar calles, otorgar servicios públicos, ofrecer buena educación y servicios de salud, crear empleos y brindar oportunidades de desarrollo. De esta forma, la compra del voto no solamente se beneficia de las trampas de pobreza, también las refuerza.

El alto grado de sofisticación del monitoreo de votantes invierte diametralmente la virtud democrática de la rendición de cuentas. En un sistema democrático auténtico, los procesos electorales son el mecanismo fundamental de la rendición de cuentas en el que los votantes premian o sancionan el desempeño de los partidos políticos al momento de emitir su voto. Sin embargo, la compra del voto y el monitoreo asociado a ella distorsionan la rendición de cuentas, al grado que son los partidos políticos quienes vigilan a los votantes el día de la elección.

X ya había escuchado varias historias sobre las despensas que otorgan los partidos y sobre las listas de votantes. Sin embargo, quedó sorprendido por el grado de eficiencia y sofisticación que operan la maquinaria electoral de este partido. Más que maquinaria electoral esto es relojería. Después de entregar despensas en esa casa siguieron visitando otras zonas igualmente pobres en las afueras de la ciudad. Cuando se les acababan las despensas que traían en una camioneta, iban por otras camionetas que ya tenían estacionadas en puntos estratégicos de la ciudad y las camionetas vacías se iban a recargar. X repartió despensas hasta las 3 de la mañana. En algún momento de la noche, X le preguntó al jefe de campo si tenia idea de cuántas despensas había repartido. El soltó una carcajada. ¡Cómo voy a acordarme del número de despensas si ya hasta perdí la cuenta de las toneladas de despensas que repartimos! Pero mira, nosotros estamos aquí repartiendo despensas mientras que el otro partido está repartiendo televisiones de pantalla plana. ¿Qué? Sí, ¡televisiones de pantalla plana! Anoche detectamos una camioneta que estaba dando vueltas en las mismas zonas que nosotros y a la misma hora, lo cual sólo podía significar una cosa. Así que los seguimos y vimos que estaban entregando teles. ¡Carajo! Nosotros repartiendo despensas y los otros repartiendo teles. Estamos jodidos.

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